Hacer justicia
La segunda oportunidad y el precio que hay que pagar.
Veredicto final
The VerdictDirigida por Sidney Lumet.
Drama | Drama judicial / Abogados/as. Alcoholismo
Guion: David Mamet. Novela: Barry Reed
Estados Unidos. 1982. 124 minutos.Drama | Drama judicial / Abogados/as. Alcoholismo
Un abogado derrotado, por al vida y el alcohol, recibe una segunda oportunidad en un caso de negligencia. Solo debe pactar un acuerdo económico para satisfacer a las partes. Pero un encuentro con la victima le conmoverá para enfrentarse él solo contra todo el sistema.
El héroe (Paul Newman) en su lucha para recuperar su dignidad perdida, peleará contra TODOS.
La Iglesia, el hospital y la abogacía. Tres pilares de la comunidad son azotados aquí sin piedad por el guion de David Mamet. Hace falta una regeneración ante tanta corruptela y podredumbre moral. Ni siquiera el juez, en teoría imparcial, será digno del adjetivo justo. Y obvio que no todos los aliados del protagonista serán de fiar. La enésima traición (de la distante Charlotte Rampling) recibirá un sonoro y merecido bofetón.
Hay un bonito paralelismo en los preparativos entre el fiscal (James Mason) y su infinito bufete y el pobre y agotado Frank Galvin (Paul Newman) que solo cuenta con su viejo maestro (Jack Warden).
Esa amistad varonil será el único débil candor de una historia gélida y helada. Hay refinamiento y elegancia en los espacios de la ciudad, pero la frialdad ha arrancado la compasión y la humanidad de cuajo.
En ese andar y hablar por los pasillos de la judicatura uno anticipa las charlas enmoquetadas de series como El ala oeste de la casa blanca.
Hay una secuencia en esta película que me pareció muy significativa: Arranca con el personaje de Newman en el bar, jugando con la máquina de pinball. Se toma su huevo crudo con cerveza (chiste a La leyenda del indomable) y corre hacia el despacho el juez donde llega tarde a una reunión. Al entrar, Newman se quita el abrigo y como no hay ningún perchero se lo deja encima de las rodillas durante la charla. Ese es el momento en que el juez (siempre comiendo cosas liquidas) insiste en que debe aceptar el acuerdo con el fiscal. Y Newman se niega.
El juez, enojado, abre un armario, saca y se coloca su toga y se va hacia un juicio que tiene detenido (lo sabemos sin verlo, al oír el "En pie" del alguacil). Entonces el fiscal, interpretado por James Mason, se levanta y va hacia el mismo armario del juez de donde saca su propio abrigo.
Eso nos indica la confianza y cercanía que hay entre fiscal y juez: le deja guardar el abrigo en su armario en su despacho. Mientras que Newman, ni siquiera sabía qué hacer con el suyo.
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