Cuando descubre que tu padre no es lo más, sino uno más
-¿Te gusta ir al colegio?
-Me gusta ir. Y me gusta volver. Lo que no me gusta es estar ahí.
He nacido, pero... (Y sin embargo hemos nacido)
Otona no miru ehon - Umarete wa mita keredo
Dirigida por Yasujirō Ozu
Japón. 1932. 91 minutos
Drama. Comedia | Infancia. Familia. Cine mudo.
Inicia la película con un camión cargado de enseres familiares atrapado en el barro (interesante metáfora de lo que nos contará la película). El padre, vestido a la occidental porque estamos en el Japón industrioso y aún pro occidental de antes de la guerra, manda a los hijos a casa mientras él va a saludar a su jefe.
Un de los chicos tiene un encontronazo con una pandilla de chicos del barrio. Le quitan la comida y un juguete. Entonces vuelve con su hermano que se enfrenta al líder, fuerte y más grande, de la pandilla. La pelea se detiene cuando el padre, el adulto, aparece.
El padre les dice que nada de peleas y que hay que estudiar mucho y sacar todo puros dieses. Pero los hermanos saben que la pandilla les estará esperando en la escuela y deciden no ir.
Pasan el día en un descampado y mienten al volver a casa. Pero son descubiertos. A la mañana siguiente el padre se asegura que los hijos vayan a clase. Se viene pelea con los malos y el castigo.
Los chicos encuentran la manera de vencer al líder de la pandilla y ellos se convierten en los jefes. Y hablando de jefes, uno de los chicos de la pandilla es el hijo del jefe de su padre. Y suelen "matarlo" en sus juegos:
El padre intenta que sus hijos se lleven bien con el hijo de su jefe. Igual que él lo hace a su vez. Y ahí viene el gran quiebre de la película: el día que los chicos descubren que su padre es un tipo servil que se humilla y hace el payaso en el trabajo para caerle bien a su jefe.
¿Para qué estudiar y ser alguien si acabaremos siendo mandados por un idiota con más dinero?
No me agradan las películas que usan niños o animales. (Nunca rueden con niños ni con animales, decía Alfred Hitchcock). Pero esta película ofrece grandes actuaciones de todo el reparto infantil. La complicidad entre los hermanos es natural, fresca y divertida. Los roles de poder con, y contra, la pandilla del barrio, se sienten reales y orgánicas. Al igual que sus juegos y sus pruebas de valor. Y también las relaciones de los chicos con los adultos están muy bien llevadas.
Ese padre de familia con su traje y su bigotito también será Antonio Alcántara, en Cuéntame. 40 años más tarde y miles de kilómetros los separan, pero la sumisión del proletario al jefe, y dueño de la producción, es algo atemporal y universal.
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