"En el cine todo es mentira"
Érase una vez en un lugar de la meseta en la España de 1940
El espíritu de la colmena
Dirigida por Víctor Erice.
España. 1973. 94 minutos.
Drama | Años 40. Posguerra española. Vida rural. Infancia. Película de culto
España. 1973. 94 minutos.
Drama | Años 40. Posguerra española. Vida rural. Infancia. Película de culto
En 1940 en Hoyuelos, un pueblecito rural de la meseta castellana llega el cine. Isabel y Ana, dos niñas pequeñas, acuden a ver la película "El Doctor Frankenstein". A la pequeña Ana la ficción de la pantalla se le funde con su realidad.
Uno puede interpretar al "monstruo" con el incipiente franquismo. Pero en ese pueblecito, desangelado y vacío, lo ominoso es el silencio y el distanciamiento.
Las niñas parecen estar siempre solas.
Aunque hay un padre (Fernando Fernán Gómez) intelectual solitario, apicultor y buscador de setas. Y una madre (Teresa Gimpera) que escribe cartas a alguien ausente. E incluso hay una criada llamada Milagros y una profesora (Laly Soldevila) en la escuela del pueblo, todos parecen encerrados en sí mismos y las niñas crecen solas.
Y un peligro latente parece acecharlas. Hay una permanente sensación de muerte a su alrededor: las setas, el pozo, los saltos sobre el fuego, el casi estrangulamiento del pobre gato, el simular la propia muerta o las vías del tren.
El espíritu de la colmena es que todos participan de la ficción. La ficción de la vida. Para Ana aún no existe una diferencia entre la realidad y la ficción. ¿Por qué mata a la niña y luego matan al monstruo?, pregunta. E Isabel, su hermana algo mayor, le cuenta que un espíritu vive una vieja casucha abandonada, y que ella lo puede ver. Y van. Y Ana se queda fuera. Pero luego vuelve, y Ana entra sola. Y en el pozo invoca el espíritu y alguien aparece.
Interpretaciones hay muchas: que Ana está muerta o que es Isabel la que ha muerto. O que algo horrible le ha pasado a Ana esa noche que pasa perdida cuando VE al monstruo de la película en la realidad. ¿Lo ve? ¿Lo cree ver? ¿Se ha comido una seta venenosa para morir?
Y al final, Ana repite "Soy Ana. Soy Ana". Quizás queriendo escapar del espíritu de la colmena, y seguir siendo un individuo, ella misma.
En un inicio el proyecto iba a ser una película de terror. Y algo de eso subyace en esas escenas de páramos castellanos y en las sombras y las negruras de los interiores de la casa y de los protagonistas.
Al aislamiento geográfico se les une un distanciamiento emocional. Los personajes, en especial los progenitores, apenas están juntos y ¿alguna vez llegan a hablarse?
Dentro de la casa flota un candor aprisionado, con una preciosa luz de color miel. En las ventanas hay paneles hexagonales, como en una colmena. Pero todos los protagonistas están tan atrapados como las abejas.
Unos protagonistas que, por cierto, se llaman como los actores y actrices que los interpretan. ¿Interpretan las niñas? Claramente, no.
Para filmar una realidad ficticia, el cineasta Víctor Erice propicia y provoca las reacciones naturales de las niñas. Ana no "interpreta" su fascinación viendo la película. Es la realidad captada, con más veracidad que un documental. Pero es una realidad que se perpetrado a su alrededor. Se ha preparado todo para que Ana "reaccionase" a lo que ve.
Porque en el cine todo es mentira.
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