El arte de captar lo eterno
Un pintor vive una ensoñación y el amor le da vida.
Jennie
Portrait of JennieDirigida por William Dieterle
Estados Unidos. 1948. 86 minutos.
Drama. Romance. Fantástico | Drama romántico. Pintura.
Años 30, New York. Un pintor pobre logra malvender un esbozo. En el gélido y brumoso Central Park conoce a una chiquilla que parece surgir de otra época, y se produce un encantamiento romántico más allá del tiempo.
¿Qué edad tendrá ese pintor interpretado por Joseph Cotten? ¿Treinta? ¿Cuarenta? Eso es importante para captar que si Jennie (Jennifer Jones) nace a inicios de siglo, a final de la historia tendrá unos treinta y tantos. Es decir, en el último encuentro tendrán edades parecidas.
Mientras que él va una velocidad, ella avanza a acelerones; ella "crece a saltos" entre los encuentros. Porque es un fantasma, ¿quizá? Porque él se la imagina ¿solo para tener un objetivo para pintar? Como apunta la señora de la tienda de cuadros (Ethel Barrymore).
Y aunque nadie más parece ver a Jennie, el chal es la prueba física que existe. (O que existió o que existirá 😛).
Y la monja (Lilian Gish) la conoció. Y una monja no va a mentirnos, ¿no?
Una película que arranca con una cita de Eurípides y otra de Keats no es apta para cualquiera. Por eso, más que buscarle una explicación psicoanalítica o lógica a toda esta ensoñación, es mejor dejarse llevar.
El director William Dieterle siempre reconoció que Jennie (basada en una novela de Robert Nathan) era un proyecto del productor David O. Selznick, que parece que se empeñó tanto en la película que tuvo que cerrar su productora luego. No fue el último final... el maravilloso director de fotografía Joseph H. August padeció un mortal ataque al corazón en el mismo set de la película. Parece que fue a ver a Selznick, se sentó en su despacho y le dijo "Ya hemos acabado" (la película, se entiende). Y falleció ahí mismo.
August realizó un trabajo fascinante en Jennie, con una luz de encantamiento y una atmósfera que de tan romántica casi es fantasmal.
Para nada realista, claro.
Como el arranque el film en que nos metemos en lo que parece un cuadro de Monet (porque vemos el mundo a través del pintor protagonista) o ese final que se "colorea" con la tormenta y cierra en color (como hizo unos años antes El retrato de Dorian Gray).
Jennie es una película de cuando la películas NO pretendían ser realistas. De cuando a una estrella se la iluminaba desde diversos puntos, ajenos todos a los "focos" lógicos de una ventana o de una lámpara. Donde las transparencias de los fondos buscan la ensoñación, la magia de un cuento, lo irreal.
Si llegamos a Jennie buscando verdad, nos echará su etérea fantasmagoría. Hay que adentrarse en la bruma como quien avanza por un sueño, sabiendo que está soñando.
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