Haneke, siempre dispuesto a amargarte el día
La familia burguesa francesa y su agría vida.
Happy end
Dirigida por Michael Haneke.
Austria. 2017. 110 minutos.
Drama | Familia
Austria. 2017. 110 minutos.
Drama | Familia
Un accidente en una obra sacude la (falsa) tenue paz de la familia de la constructora.
Como todos los personajes, todos parientes a su pesar, me son antipáticos, el resultado -deliberado por el cineasta- es un película antipática.
El anciano (Jean-Louis Trintignant) parece senil en un determinado momento, pero luego pasa a ser la única luz capaz de ver en las sombras de su nieta. La nieta (Fantine Harduin), viendo el mundo a través del móvil y en formato vertical, siente para los seres vivos (parientes o mascotas) el mismo apego que una piedra. Y con el egoísmo y la crueldad propia de los infantes, parece tan inocente en su mirada como capaz de estrangular al bebé de su madrastra.
El padre (Mathieu Kassovitz) y la tía (Isabelle Huppert) son personajes tan normales y corrientes que toda la hipocresía de sus vidas y el cinismo de su acciones solo se percibe cuando uno asume que todos somos normales y a la vez hipócritas y cínicos.
Ahí está siempre Haneke dispuesto a amargarte el día.
El propio Haneke no escapa de esa ridiculez buenista, la aparente denuncia social pero que replica los estereotipos del burgués blanco europeo. Veamos: El grupo de inmigrantes subsaharianos (¿puedo decir chicos negros?) con los que topa por la calle el anciano cuando escapa, es el mismo grupo que aparece en las puertas del restaurante.
Aquí Haneke denuncia (interpreto yo) la hipocresía de los blancos, que son forzados a sentarlos a una mesa a pesar de ser aquella una celebración privada.
¿Y por qué debería sentar a unos no invitados a una mesa de la celebración? Pues por el qué dirán los demás. Por aparentar.
Haneke usa al mismo grupo de chicos negros en las dos escenas. Porque los tiene en un pack indivisible. No son personajes, no tiene nombre, no son individuos. Solo son "el grupo de chicos negros". Seguramente no eran actores, sino realmente un grupo de inmigrantes en un campamento. Un grupo de chicos negros a los que el cineasta Haneke "usó" para su película. Como los usan esa familia para aparentar que son tolerantes e integradores.
Y realmente se creen que lo son. Como el propio Haneke debe creer que está haciendo una denuncia social. O quizás solo quería salpicarnos su nihilismo y su amargura. Un grande Haneke.
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